Una rutina para desmaquillarnos: fácil (rápida) y cómoda

Desde hace ya un tiempo (sino desde antes), sabemos que una piel sana y bonita requiere de un cuidado diario y, sobre todo, constante. Pero si hay algo que debemos hacer para prever, ante todo, los brotes de acné, es desmaquillarnos al final del día o al llegar a nuestra casa.

No obstante, por mucho que tengamos la lección aprendida y nos sepamos al dedillo los pasos imprescindibles para tener un rostro espléndido, es más que probable que en el día a día seamos las típicas personas que pensamos “qué pereza’” al enfrentarnos a esos famosos 10 pasos. O bien es posible que, como pasa con muchos hábitos, te resulte complicado cumplir a rajatabla cada punto necesario y de vez en cuando te saltes alguno o, directamente, todos, ante un día en el que te sientes especialmente cansada. O ambas cosas: así es la vida.

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Por ello, para esos momentos en los que buscamos rapidez y plena eficacia, siempre hay unos puntos imprescindibles que debemos seguir o que nunca deben de faltar. Lo más esencial en todos los casos es la limpieza, incluyendo, en primer lugar, un eficaz desmaquillador: recomendamos que siempre sea eso, un desmaquillador, hecho para quitar el maquillaje y especialmente de base oleosa, no basta simplemente con limpiar con jabón o agua micelar. Lo sentimos, pero nunca podrás librarte del paso de desmaquillarte antes de irte a dormir, por muy cansada que estés: si los poros no se limpian adecuadamente, se obstruyen, dando lugar a la aparición de lesiones acneicas.

Para dejar nuestra piel perfectamente limpia, tendremos que eliminar los restos del maquillaje diario y del desmaquillador que puedan quedar en nuestro rostro con jabón. El jabón, adecuado según tu tipo de piel, dejará tu piel lista para el siguiente paso: utilizar un tónico, aplicándolo siempre con un algodón o disco desmaquillante reutilizable, para así cerrar los poros y evitar que entre nuevamente suciedad.

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El último de los pasos imprescindibles, pero no el menos importante, es la hidratación. Esta, además de adecuarse de nuevo a tu tipo de piel, ha de ser en profundidad, ya que después de un largo día y la exposición a agentes externos como el viento, el sol y el propio maquillaje, tu piel necesita más que nunca estar nutrida. Además, podemos añadir un paso extra con un sérum, el cual debemos aplicar antes que la crema hidratante, para así asegurarnos de que la piel de nuestro rostro tiene todos los nutrientes necesarios. Así que, en resumidas cuentas: si te sientes con fuerzas, un sérum siempre es bienvenido, mientras otros tratamientos concretos puedes relegarlos a ese día especial que dedicas a cuidarte cada semana.