Carta a mi madre

Querida mamá,

Ahora sé que ser madre puede adoptar muchas formas. Pero, que, si hay algo que compartimos, es el amor incondicional que reside en toda madre. Puesto que sin importar qué tan diferentes puedan ser las personalidades de cada madre, hay algo que es seguro: están dándolo todo por la felicidad y futuros de sus hijos, como tú lo has hecho día tras día.

Gracias por haberme dado todo siempre. Por estar cuando te necesito, por ser exigente cuando hay que serlo, por escucharme, por quererme tanto y darme el mejor regalo que se le puede dar a alguien. Ojalá algún día logre llegar a ser, siquiera, la mitad de la maravillosa mujer que eres.

Gracias por compartir conmigo tu conocimiento y experiencia, por tus desvelos y lágrimas; gracias por haber estado conmigo en los momentos en que ni yo misma quería estar. Tú fuiste y eres luz que ilumina en los peores momentos: desde la primera vez que me rompieron el corazón, hasta las veces que tenías que ayudarme a cubrir de purpurina una cartulina para cualquier proyecto del colegio. Nuestra historia estará siempre llena de primeras veces.

Gracias por la risa y los regaños, por tu paciencia, por enseñarme lo que son la fortaleza y el temple. Gracias por ser mi ejemplo, porque, aunque en muchas ocasiones te has derrumbado, has continuado luchando, y eso me da la seguridad de que yo también puedo hacerlo.

Me has enseñado que el mejor plan del mundo puede ser hacer cocinar, charlar y sentarme a tu lado. Que la felicidad era algo más sencillo, mucho más sencillo: gracias, mamá, por enseñármelo más que nunca estos días. Llegará el tiempo de abrazarnos, de comidas familiares, de compras juntas, de seguir creando momentos una al lado de la otra.

Gracias por hacerme saber, una vez más, que esta vida viene sin manual de instrucciones, pero que, afortunadamente, viene con una madre.